demografía

CURSO DE DEMOGRAFÍA

MÓDULOS UNIVERSITARIOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE

La demografía (del griego δήμος dēmos ‘pueblo’ y γραφία grafía ‘trazo, descripción’ –estudio de la población–) es la ciencia que tiene como objetivo el estudio de las poblaciones humanas, de su dimensión,estructura, evolución y características generales.

La demografía estudia estadísticamente la estructura y la dinámica de las poblaciones, así como los procesos concretos que determinan su formación, conservación y desaparición. Tales procesos, en su forma más agregada, son los de fecundidad, mortalidad y migración: emigración e inmigración.1

Transición demográfica

La transición demográfica es una teoría demográfica que explicaría el paso de un régimen demográfico preindustrial, presidido por altas tasas de mortalidad y natalidad a otro industrial con un fuerte incremento de la población y posteriormente postindustrial, con tasas muy bajas de mortalidad y natalidad. Aunque en principio quería dar cuenta, básicamente, de los cambios demográficos provocados por la revolución industrial, su utilización, aunque con críticas y limitaciones, está en muchos sentidos vigente, ya que puede decirse que ha constituido un paradigma en la demografía de buena parte del siglo XX.1 2

Inicialmente la transición demográfica pretendía explicar la relación entre los cambios demográficos y los cambios socioeconómicos que se produjeron en el siglo XVIII en los países desarrollados de Europa y por tanto establecer una relación de causalidad entre población, desarrollo y crecimiento demográfico.

Glosario De Conceptos Políticos Usuales

TRANSICIÓN DEMOGRÁFICA: Este concepto se emplea para designar un período característico dentro de la evolución demográfica de países que comienzan a vivir un proceso de modernización. Las sociedades tradicionales se caracterizan por una alta natalidad y una alta mortalidad (sobre todo infantil) por lo que el crecimiento demográfico es lento. Las sociedades que comienzan un proceso de modernización, pronto ven reducir su índice de mortalidad infantil, sobre todo por la importación de medicina moderna desde los países avanzados y la difusión de nuevas normas de higiene, mientras su índice de natalidad permanece alto, acorde con las pautas culturales tradicionales. Se produce entonces una “explosión demográfica” que luego cede, cuando se adoptan nuevas pautas reproductivas, características de las sociedades modernas, y entonces reaparece el lento crecimiento demográfico, en un nuevo contexto socio-cultural.


Enlaces relacionados:
GLOSARIO DE CONCEPTOS POLÍTICOS USUALES completo en PDF (para imprimir, 99 páginas, 610 Kb)

La Transición Demográfica en América Latina

Basado en : BID/CEPAL/CELADE, (Banco Interamericano de Desarrollo/ Comisión Económica para América Latina y el Caribe/ Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía),
Impacto de las Tendencias Demográficas sobre los Sectores Sociales en América Latina, Santiago.

Los cambios demográficos de los últimos decenios se insertan en el denominado proceso de transición demográfica. Si bien el concepto de transición demográfica tuvo su origen en el intento de explicar la relación entre los cambios demográficos y los cambios socioeconómicos en Europa durante el siglo XVIII, su uso se ha extendido hasta el presente, tanto porque se refiere a procesos demográficos identificables aun en diferentes situaciones históricas, como por el hecho de que constituye una propuesta -siempre vigente- de explicación de la dinámica demográfica a la luz de sus interrelaciones con los factores sociales, económicos y culturales (Zabala de Cosío, 1992).

La transición demográfica ha sido descrita como un proceso de larga duración, que transcurre entre dos situaciones o regímenes extremos: uno, inicial, de bajo crecimiento demográfico con altas tasas de mortalidad y fecundidad, y otro, final, de bajo crecimiento pero con niveles también bajos en las respectivas tasas. Entre ambas situaciones de equilibrio se pueden identificar dos momentos principales. El primero, en el que la tasa de crecimiento de la población aumenta como consecuencia del descenso de la mortalidad, y el segundo, en el que dicho crecimiento disminuye, debido al descenso posterior de la fecundidad. En qué magnitud y a qué velocidad cambia la tasa de crecimiento, dependerá de la velocidad y del momento en que comienzan a descender la mortalidad y la fecundidad (Chesnais, 1986).

En el marco de este esquema, América Latina se encuentra, como señalaron Chackiel y Martínez (1993), “transitando la fase de disminución de la fecundidad, que se ha producido en forma rápida, después de haber experimentado cambios importantes en la mortalidad desde antes de la segunda mitad del siglo -aunque todavía con un amplio margen de posible reducción-, con el resultado de una tasa de crecimiento en descenso”.

El término Segunda transición demográfica (STD) o teoría de la segunda transición demográfica, en demografía y demografía social y sociología, se aplica a los cambios en la constitución y reproducción de las familias después de la segunda guerra mundial que explicarían fenómenos de los que no daba cuenta la teoría tradicional de latransición demográfica. Esta segunda transición demográfica incluye, además del descenso de la mortalidad de la Teoría de la Transición Demográfica o TTD un fuerte descenso de la fecundidad y la aparición de la migración como elemento relevante demográfico1 que afecta básicamente a los considerados países industrializados2

el principal productor mundial de aguacate

Los daños ocultos que provoca el aguacate, el “oro verde” de México

Michoacán: cómo se convirtió un violento estado de México en el principal productor mundial de aguacate

Venus y las Pléyades

Venus es el segundo planeta del Sistema Solar en orden de distancia desde el Sol, y el tercero en cuanto a tamaño, de menor a mayor. Recibe su nombre en honor a Venus, la diosa romana del amor. Se trata de un planeta de tipo rocoso y terrestre, llamado con frecuencia el planeta hermano de la Tierra, ya que ambos son similares en cuanto a tamaño, masa y composición, aunque totalmente diferentes en cuestiones térmicas y atmosféricas. La órbita de Venus es una elipse con una excentricidad de menos del 1 %, formando la órbita más circular de todos los planetas; apenas supera la de Neptuno. Su presión atmosférica es 90 veces superior a la terrestre; es por tanto la mayor presión atmosférica de todos los planetas rocosos. A pesar de estar situado más lejos del Sol que Mercurio, Venus posee la atmósfera más caliente, pues ésta atrapa mucho más calor del Sol, debido a que está compuesta principalmente por gases de invernadero, como el dióxido de carbono. Este planeta además posee el día más largo del sistema solar: 243 días terrestres, y su movimiento es dextrógiro, es decir, gira en el sentido de las manecillas del reloj, contrario al movimiento de los otros planetas. Por ello, en un día venusiano el sol sale por el Oeste y se oculta por el Este. Sus nubes, sin embargo, pueden dar la vuelta al planeta en cuatro días. De hecho, hace muchos años, antes de estudiar el planeta enviando a su superficie naves no tripuladas y estudiar su superficie con radar, se pensaba que el período de rotación de Venus era de unos cuatro días.

Al encontrarse Venus más cercano al Sol que la Tierra (es un planeta interior), siempre se puede encontrar en las inmediaciones del Sol (su mayor elongación es de 47,8°), por lo que desde la Tierra se puede ver sólo durante unas pocas horas antes del orto (salida del Sol), en unos determinados meses del año, o también durante unas pocas horas después del ocaso (puesta del Sol), en el resto del año. A pesar de ello, cuando Venus es más brillante, puede ser visto durante el día, siendo uno de los tres únicos cuerpos celestes que pueden ser vistos de día a simple vista, además de la Luna y el Sol. Venus es normalmente conocido como la estrella de la mañana (Lucero del Alba) o la estrella de la tarde (Lucero Vespertino) y, cuando es visible en el cielo nocturno, es el segundo objeto más brillante del firmamento, tras la Luna.

Por este motivo, Venus debió ser ya conocido desde los tiempos prehistóricos. Sus movimientos en el cielo eran conocidos por la mayoría de las antiguas civilizaciones, adquiriendo importancia en casi todas las interpretaciones astrológicas del movimiento planetario. En particular, la civilización maya elaboró un calendario religioso basado en los ciclos astronómicos, incluyendo los ciclos de Venus. El símbolo del planeta Venus es una representación estilizada del espejo de la diosa Venus: un círculo con una pequeña cruz debajo, utilizado también hoy para denotar el sexo femenino.

Venus es el astro más característico en los cielos de la mañana y de la tarde de la Tierra (después del Sol y la Luna), y es conocido por el hombre desde la prehistoria. Uno de los documentos más antiguos que sobreviven de la biblioteca babilónica de Ashurbanipal, datado sobre el 1600 a. C., es un registro de 21 años del aspecto de Venus (que los primeros babilonios llamaron Nindaranna). Los antiguos sumerios y babilonios llamaron a Venus «Dil-bat» o «Dil-i-pat»; en la ciudad mesopotámica de Akkad era la estrella de la madre-diosa Ishtar, y en chino su nombre es «Jīn-xīng» (金星), el planeta del elemento metal. Venus se consideró como el más importante de los cuerpos celestes observados por los mayas, que lo llamaron «Chak ek» (la gran estrella). Los antiguos griegos pensaban que las apariciones matutinas y vespertinas de Venus eran dos cuerpos diferentes, y les llamaron Hesperus cuando aparecía en el cielo del Oeste al atardecer y Phosphorus cuando aparecía en el cielo del Este al amanecer.

Fases de Venus observadas desde la Tierra.

Al encontrarse la órbita de Venus entre la Tierra y el Sol, desde la Tierra se pueden distinguir sus diferentes fases de una forma parecida a las de la Luna. Galileo Galilei fue la primera persona en observar las fases de Venus en diciembre de 1610, una observación que sostenía la entonces discutida teoría heliocéntrica de Copérnico. También anotó los cambios en el tamaño del diámetro visible de Venus en sus diferentes fases, sugiriendo que éste se encontraba más lejos de la Tierra cuando estaba lleno y más cercano cuando se encontraba en fase creciente. Estas observaciones proporcionaron una sólida base al modelo heliocéntrico.

Venus es más brillante cuando el 25 % de su disco (aproximadamente) se encuentra iluminado, lo que ocurre 37 días antes de la conjunción inferior (en el cielo vespertino) y 37 días después de dicha conjunción (en el cielo matutino). Su mayor elongación y altura sobre el horizonte se produce aproximadamente 70 días antes y después de la conjunción inferior, momento en el que muestra justo media fase; entre estos intervalos, Venus es visible durante las primeras o últimas horas del día si el observador sabe dónde buscarlo. El período de movimiento retrógrado es de veinte días en cada lado de la conjunción inferior.

En raras ocasiones, Venus puede verse en el cielo de la mañana y de la tarde el mismo día. Esto sucede cuando se encuentra en su máxima separación respecto a la eclíptica y al mismo tiempo se encuentra en la conjunción inferior; entonces desde uno de los hemisferios terrestres se puede ver en los dos momentos. Esta oportunidad se presentó recientemente para los observadores del hemisferio norte durante unos días sobre el 29 de marzo de 2001, y lo mismo sucedió en el hemisferio sur el 19 de agosto de 1999. Estos eventos se repiten cada ocho años conforme al ciclo sinódico del planeta.

Como lo describe Jesús Galindo en su libro “Arqueoastronomía en la América Antigua” (editado por CONACYT), es notable la importancia que tenía Venus para los Mayas, quienes la conocían bajo varios nombres: Xux Ek o estrella avispa, ya que creían que en determinados momentos la luz del planeta era perjudicial; Nok Ek, la gran estrella, y sastal Ek, la estrella brillante, por su intenso brillo; chac Ek, la estrella roja, por el color que adquiere cuando está cerca del horizonte. Venus es también Ahzab Kab Ek, la estrella que despierta a la Tierra. Venus está asociada a Kukulcan entre los Mayas, el equivalente Maya de Quetzalcoatl.

Cuando uno considera el movimiento de un planeta el ciclo que rige su posición en el cielo es el denominado ciclo sinódico, que es el lapso de tiempo que tarda el planeta en cuestión en adquirir la misma posición relativa con el Sol y la Tierra. En el caso de Venus el periodo sinódico de 584 días era dividido en cuatro partes por los Mayas: durante 236 días Venus es la estrella de la mañana (Ahzab Kab Ek); los 90 días posteriores corresponden al paso de Venus por atrás del Sol (o conjunción superior); después vienen 250 días en que Venus es la estrella de la tarde seguidos por un breve, pero importante, período de 8 días en los cuales Venus se halla en la conjunción inferior (es decir enfrente del Sol) y desaparece al no poder reflejar la luz de éste hacia la Tierra. Es al reaparecer después de los 8 días, que dura la conjunción inferior, que se creía que su luz podía ser altamente perjudicial para los hombres, causando “muerte, pestilencia y destrucción”, dependiendo del día en que se produjera la reaparición dentro del calendario ritual de 260 días. La creencia de la mala influencia que podría tener Venus al reaparecer después de la conjunción inferior, persistió hasta los Aztecas, quienes de acuerdo a los anales de Quauhtitlán, pensaban que sus “penetrantes rayos” podían causar heridas.

Pero era en la obsesión de los Mayas por los ciclos donde residía en gran parte la importancia de Venus: 5 ciclos sinódicos de este planeta corresponden casi exactamente a 8 años de 365 días (5 X 584 días = 8 X 365 días = 2920 días). La conexión con el “año ritual” de 260 días se daba después de un Huehuetiliztli, período de 104 años que corresponde a 65 ciclos sinódicos venusinos y 146 “años rituales”. Estos números están redondeados, ya que el ciclo sinódico de Venus es en realidad de 583.92 días mientras que el año dura 365.24 días. Los Mayas hicieron elaboradas tablas para corregir las pequeñas discrepancias entre el periodo sinódico de Venus, el año y otros ciclos. Así, al haber transcurrido 301 ciclos de 584 días, los Mayas habían restado en total 24 días (en forma análoga a nuestra costumbre de agregar un día cada cuatro años) y con esta corrección podían predecir la posición de Venus con un error de tan solo 2 horas en 481 años! El conocimiento de esta última corrección por los Mayas es sin duda uno de los descubrimientos mas sobresalientes de la astronomía antigua.

Así como desde la Tierra podemos ver el ciclo de fases de la Luna (sinódico) durante unos 2 días más que su ciclo orbital (sidéreo) y dividirlo en 4 ciclos de 7 días (4 semanas), también se puede ver el ciclo completo de fases de Venus durante 584 días, aunque lógicamente con un telescopio. El ciclo sinódico de Venus dura unos 360 días (un ciclo Tun) más que el tiempo de su órbita (225 días).

La importancia que los Mayas daban a Venus llegó al punto que el diseño del templo de El Caracol, considerado como el mas importante observatorio astronómico de los Mayas, está fuertemente influenciado por la trayectoria de Venus en el cielo: por ejemplo, la alineación de su base con la puesta mas al norte de Venus difieren menos de un grado. El culto a Venus persistió hasta el tiempo de los Aztecas, quienes la denominaban Huey Citlalín, la gran estrella, y en su carácter de estrella de la mañana era asociada con Quetzacoatl.

 

Las Pléyades son un puñado de estrellas muy jóvenes. Se formaron hace apenas 100 millones de años, durante la era de los dinosaurios en la Tierra, a partir del colapso de una nube de gas interestelar. Las estrellas más grandes y brillantes del cúmulo son de color blanco-azulado y cerca de cinco veces más grandes que nuestro propio Sol.

Las Pléyades no existían cuando Venus emergió de la nebulosa protosolar hace cuatro mil quinientos millones de años. Nadie sabe cómo se veía Venus en aquellos primeros días del sistema solar. Podría haber sido verde y exuberante, semejante a la Tierra. Hoy en día, sin embargo, es infernal. Un efecto invernadero irreversible en la atmósfera de Venus ha sobrecalentado el planeta hasta los 480° C (900° F), lo suficientemente caliente como para derretir plomo. Densas nubes grises que contienen ácido sulfúrico ocultan la superficie de Venus a los telescopios de la Tierra. Las sofocantes nubes son, al parecer, excelentes reflectoras de la luz solar y es por eso que Venus es tan brillante.

Vista desde la Tierra, Venus es aproximadamente 600 veces más brillante que Alcione, la estrella más luminosa de las Pléyades. Durante el fin de semana trate de ver al grupo de estrellas con unos binoculares. Verá docenas de tenues pléyades invisibles al ojo humano desnudo. Entre ellas, Venus parecerá una supernova.

¿Porqué Venus se mueve entre las estrellas?

Porque su órbita no es la misma que la de la Tierra. Venus está más cerca del Sol y viaja a su alrededor más rápido (35 km/s contra 29.7 km/s de la Tierra). Desde nuestro planeta, por lo tanto, Venus parece moverse entre las estrellas — entrando y saliendo de las Pléyades en apenas unas cuantas noches. “La gente no puede sentir a la Tierra moverse en su órbita, pero esta es una excelente oportunidad para que sintamos el efecto visual del movimiento de los planetas”, dice el físico espacial Dennis Gallagher de NASA/MSFC.

La Diosa del Amor Visita a las 7 Hermanas — (Jack Horkheimer).

La Historia y Mitología de las Pléyades — (SEDS)

Las Estrellas Más Brillantes de las Pléyades — (SEDS).

El Cúmulo Estelar de las Pléyades — (APOD) La fotografía más famosa del famoso cúmulo de estrellas.

Un Encuentro de Planetas — (Ciencia@NASA) Venus no es el único planeta que se ve hoy por la noche. ¿Podría usted distinguir los otros cuatro?

Los doce apóstoles de México

Los doce apóstoles de México, también conocidos como los doce apóstoles de Nueva España, fue un grupo de doce misioneros franciscanos que llegaron al recién fundado virreinato de Nueva España en mayo de 1524 con el objetivo de convertir al cristianismo a la población indígena. El grupo estaba compuesto por:

Cuando Hernán Cortés se disponía para su expedición hondureña, después de desembarcar en Ulúa el 13 ó 14 de mayo de 1524, llegó a México el 17 ó 18 de junio del mismo año la primera nutrida misión de doce franciscanos de la Observancia, hecho histórico de notable relieve, pues con ellos comenzó en Nueva España la evangelización ordenada y metódica. Una corazonada del Ministro General de la Orden franciscana, Francisco de Quiñones, asumida por el mismo Romano Pontífice, en 1524, le impulsó a enviar a Indias «un prelado con doce compañeros, porque éste fue el número que Cristo tomó de su compañía para hacer la conversión del mundo».

La prelacía recayó sobre la rica personalidad de fray Martín de Valencia. Le acompañaron: fray Francisco de Soto; Martín de Jesús o de la Coruña; Juan Juárez (o Suárez), quien, junto con fray Juan de Palos, hermano laico, murió en Florida; fray Antonio de Ciudad Rodrigo, quien se distinguió como hábil gobernante y defensor de los derechos de los indígenas; Toribio de Benavente o «Motolinía», fino observador de la naturaleza y de las costumbres de los nativos e infatigable escritor; fray García de Cisneros, primer Provincial de la recién creada Provincia; Luis de Fuensalida, quien renunció a la mitra de Michoacán; fray Juan de Ribas, defensor a ultranza del mantenimiento del espíritu de la reforma religiosa; fray Francisco Jiménez, quien recibió ya en Nueva España la ordenación sacerdotal, hábil canonista; y, por último, fray Andrés de Córdoba, también hermano laico.

Fieles a la consigna de no claudicar jamás de la pobreza franciscana, al desembarcar después de la larga travesía recorrieron a pie y descalzos las sesenta leguas que separan el puerto de Veracruz de la ciudad de México. Hernán Cortés los recibió con muestras de veneración y los agasajó solemnemente. Los franciscanos fueron un aldabonazo para los españoles y un descubrimiento para los indios. El contraste resultaba llamativo. Les seguían y les rodeaban los indios sin parar, hablando en el idioma local, del que los piadosos hijos de San Francisco no sacaban en limpio más que una constante repetición de la palabra «motolínea».

La insistencia de los nativos les picó la curiosidad y preguntaron qué significaba aquel vocablo. Les contestaron que quería decir «pobre» o «pobres». El impetuoso fray Toribio de Benavente, llevado de su entusiasmo, hizo de aquella palabra india su propio apellido. Una vez asentados en la región, pidieron a los caciques y principales que les enviasen sus hijos para educarlos en la fe cristiana. No les resultó fácil convencer a los respectivos progenitores, pero no se desalentaron, y los colegios franciscanos resultaron una institución de primer rango en el México cristiano. Además, se convencieron pronto de que era necesario dominar el idioma de los nativos y llegaron a ser maestros en un menester tan humanista. Celebraron un Capítulo franciscano y dividieron la extensa región en cuatro provincias, que fueron la base de la definitiva organización franciscana en tierras mexicanas.

El mexicano Carlos Pereyra observó, ya hace años, un fenómeno muy curioso, por el cual los hispanos europeos, tratando de reconciliar a los hispanos americanos con sus propios antepasados criollos, defendían la memoria de éstos. Según eso, «el peninsular no se da cuenta de que toma a su cargo la causa de los padres contra los hijos» (La obra 298). Esa defensa, en todo caso, es necesaria, pues en la América hispana, en los ambientes ilustrados sobre todo, el resentimiento hacia la propia historia ocasiona con cierta frecuencia una conciencia dividida, un elemento morboso en la propia identificación nacional.

Ahora bien, «este resentimiento -escribe Salvador de Madariaga- ¿contra quién va? Toma, contra lo españoles. ¿Seguro? Vamos a verlo. Hace veintitantos años, una dama de Lima, apenas presentada, me espetó: “Ustedes los españoles se apresuraron mucho a destruir todo lo Inca”. “Yo, señora, no he destruido nada. Mis antepasados tampoco, porque se quedaron en España. Los que destruyeron lo inca fueron los antepasados de usted”. Se quedó la dama limeña como quien ve visiones. No se le había ocurrido que los conquistadores se habían quedado aquí y eran los padres de los criollos.»

Esta anécdota le paso a mi hermano pero al revés en Madrid. Le decía el madrileño: «Nosotros los españoles conquistamos América.» A lo que contesto Carlos: «Los que conquistaron América fueron mis abuelos, los tuyos se quedaron aquí.»

¿Cómo se explica si no que unos miles de hombres sujetaran a decenas de millones de indios? En La crónica del Perú, hacia 1550, el conquistador Pedro de Cieza se muestra asombrado ante el súbito desvanecimiento del imperio incaico: «Baste decir que pueblan una provincia, donde hay treinta o cuarenta mil indios, cuarenta o cincuenta cristianos» (cp.119).

Coloquio de los doce. Diálogos de los Tlamatinime con los doce franciscanos en 1524.

Coloquio de los XII

coloquio de los XII. Capitulo VII

En los enlaces arriba se pueden consultar los dos capítulos completos.

Iraburu, José María (2003). Hechos de los apóstoles de América (en castellano) (3ª edición). Pamplona: Fundación Gratis Date. p. 558. ISBN 84-87903-36-3.

calendarios de Mesoamérica

Los mexicas empleaban, al menos, dos calendarios. Uno era el llamado xiuhpohualli, de 365 días, y el otro era el tonalpohualli, de 260 días. El uso de estos dos calendarios era común a todos los pueblos de la Mesoamérica precolombina, si bien cada uno de ellos lo denominaba de manera diferente, y no necesariamente estaban sincronizados. Por lo tanto, lo que se dice sobre los calendarios empleados por los mexicas no debe aplicarse para los calendarios de otros pueblos.

El abogado e historiador mexicano Alfonso Rivas Salmón sostiene que el calendario tiene su origen en alguna región mucho más al norte de México, en zonas propias de los pueblos del desierto, ya que en la región habitada por los olmecas la mayor parte del año está cubierto de nubes, por lo que no es posible observar el cielo a lo largo del año.

Este sistema tiene dos versiones: el llamado calendario maya, dedicado a la medición de ciclos astronómicos, y el llamado calendario náhuatl o mexica, de uso civil. Ambos se basan en la interrelación de un año sagrado de 260 días con el año vago (natural) de 365 días, lo cual forma ciclos de 52 años llamados Xiuhmolpilli (“se atan los años” llamado también ceremonia del”fuego nuevos”). Dos ciclos de 52 años forman un huehuetiliztli (ancianidad), es decir, 104 años. A su vez, los Xiuhmolpilli se organizan en paquetes de trece, esto sólo a nivel narrativo mítico, en los cuales se habla de periodos de 676 años llamados “soles”.[1]

El calendario de los mexicas comparte la estructura básica de los calendarios solares de Mesoamérica. Un calendario civil de 365 días (xihuitl) proporciona las referencias cronológicas para las actividades de la sociedad en su conjunto; al mismo tiempo, un calendario místico de 260 días (tonalpohualli), utilizado para establecer horóscopos y predicciones.

El Xiuhmolpilli o atado de cañas (52 años) simbolizaba el siglo mesoamericano. Dieciocho meses de 20 días componían el calendario solar con un total de 360, más cinco días aciagos (o nefastos). El calendario lunar se componía de 260 días. Algunos códices servían para llevar la cuenta de los días y el tiempo. Cada 52 años había una renovación de lo existente y se encendía el Fuego Nuevo.
La conjunción de la rueda del tiempo.

La combinación de ambos ciclos, el de 260 días y el de 365 días, formaba unidades de 52 años. A este periodo se le llamó “Rueda del Calendario” y era el sistema típico del centro de México en el momento de la conquista. Para establecer los nombres de cada año, los mexicas usaron los nombres de cuatro días: ácatl (caña), técpatl (pedernal), calli (casa), y tochtli (conejo). Cada símbolo de día estaba asociado a un número diferente del uno al 13 (4 nombres de día x 13 numerales = 52 nombres de año). Los mexicas llamaron a un “siglo” de 52 años xiuhmolpilli o “atadura de los años”.y también se le conoce como “cuenta corta”. Los ciclos de 52 años se iniciaban entre los aztecas mediante un rito importante, la fiesta del Fuego Nuevo, que coincidía además con la fecha en que la constelación de Pléyades pasaba el cenit a medianoche.
http://www.azteccalendar.info/Wiki/Xiuhm…

En la “cuenta corta” de 52 años cabían exactamente 73 tonalpohualli (52 x 365 = 73 x 260 = 18,980 días). Al cabo de este período, las combinaciones de los ciclos de 365 y 260 días se agotaban, y comenzaba otro ciclo mayor con exactamente las mismas fechas.

Dos ciclos de 52 años, es decir 104 años, se llamaban huehuetiliztli, “la vejez”, y se caracterizaban además por la coincidencia con el ciclo de Venus. El año de Venus contiene 584 días, y 5 años de Venus corresponden a 8 años solares; por lo tanto, cada 65 años de Venus coincidían con 104 años solares y con 146 tonalpohualli (65 x 584= 104 x 365 = 146 x 260 = 37, 960 días).
Los mexicas utilizaban una fórmula abreviada para los fechamientos para no tener que mencionar en forma completa todos los elementos que intervenían en una fecha: el día del tonalpohualli, el ordinal del día dentro de la veintena y el año; en cambio, decían únicamente el día del tonalpohualli y el año, por ejemplo: 8 ehécatl de 1 ácatl.
http://www.latinamericanstudies.org/azte…

Según algunos autores, sus ajustes astronómicos se consiguen mediante el reduplicado de un día cada cuatro años, llamado por tal razón Mohuehchihua (se hace grande, hecho doble), y por el comienzo retroactivo en cuatro días cada 52 años (ciclo de rotación de los cargadores o denominadores). El tema ha dado lugar a diversas interpretaciones de la nueva era. Es muy importante considerar para fines serios, textos publicados por universidades, a riesgo de caer en interpretaciones erróneas. Aunque se ha dicho que es posible que esta explicación tenga una influencia de la visión occidental, por ser la manera que los europeos tenían de corregir su año, este mecanismo está reflejado en láminas de códices como el Códice Boban, el Códice Magliabecchi, el Códice Telleriano- remensis o el Chilam Balám de Maní, además de ser mencionado y descrito no sólo por los cronistas europeos, sino por sus informantes nativos.

  • “En lo que dice que faltaron en el bisiesto es falso, pues en la cuenta de su calendario contaban 365 días y cada cuatro años contaban 366.” (Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España. Tomo I.)
  • “Cada cuatro años cae un día sin nombre.” (Chilam Balam, Códice de Maní)
  • “Tenían (los mayas) su año perfecto como el nuestro, de 18 (veintenas) más cinco días y seis horas. De estas hacían cada cuatro años un día y así, tenían de cuatro en cuatro años uno de 366 días.” (Diego de Landa, Relación de las cosas de Yucatán)
  • “Dábanle (los zapotecas al año) 18 meses de a 20 días y otro más de cinco. Este, al cabo de cuatro años, como nuestro bisiesto, lo variaban a seis días, por las seis horas que sobraban cada año… Y llamaban en su lengua a aquellos seis días ‘mes menguado, errático’.” (Francisco de Burgoa, Geográfica descripción II.24)

El calendario mexica está basado en los ciclos de la Tierra y Venus alrededor del Sol y de la Luna alrededor de la Tierra. Esto es posible gracias a que en 8 años terrestres Venus da 13 revoluciones alrededor del Sol y la Luna 100 revoluciones alrededor de la Tierra.[2] La Tierra y Venus se alinean con respecto al sol en 5 ocasiones durante 8 órbitas terrestres o 13 órbitas de Venus, lo cual lleva el nombre de ciclo sinódico Venus/Tierra. La Tierra, Venus, y la Luna están sincronizados en sus órbitas en una relación muy simple y armónica de 13:8:100 (Venus:Tierra:Luna). El siguiente cuadro muestra esta relación entre los tres períodos.

Astro Revoluciones Duración en días Total
Tierra 8 365,25 2922
Venus 13 224,77 2922
Luna 100 29,22 2922

He aquí el número de revoluciones de cada astro en los ciclos de 52 y 104 años mencionados anteriormente:[4]

Astro Revoluciones en 52 años Revoluciones en 104 años
Tierra 52 104
Venus 84,5 169
Luna 650 1300

Los primeros observadores debieron ver que en 52 años el Sol y la Luna volvían casi a tomar la misma posición en el cielo que en el primer día de las observaciones. Igualmente cada 104 años, los tres astros, el Sol, la Luna y Venus tomaban casi la misma posición que al inicio de las observaciones. Los antiguos mexicas, como aparece en el Códice Borgia, marcaban periodos de 2920 días (no de 2922) en sus registros, para llevar una serie de rituales de renovación asociados principalmente con el complejo Venus-lluvia-maíz, al igual que los mayas.

Es importante señalar que las revoluciones planetarias (su movimiento de traslación) no eran abiertamente conocidos, es decir, no hay registro claros de que conocían la duración del año venusino o marciano. El conocimiento derivaba de la observación a simple vista, el registro en los códices (principalmente en el caso de los mayas el Dresde y respecto a los nahuas el Borgia) es acerca de la posición aparente de los astros vistos desde la tierra, a este periodo como ya vimos se le llama periodo sinódico. En el caso de Venus es de 584 días, el de Marte 780 días y el de Júpiter 400 días.

Calendario civil

El año solar era la base del calendario civil mediante el cual los mexicas determinaban la profusión de ceremonias y rituales asociados con los ciclos agrícolas. El calendario estaba compuesto de 18 meses llamados metztli de 20 días cada uno. Cinco días componían una semana y de éstos, el quinto día, tianquiztli, era dedicado al mercado. El año se completaba a 365 días con la adición de 5 días llamados nemontemi (días vacíos), en estos días cesaba toda actividad normal, eran dedicados al ayuno y la abstinencia. Así tenemos 18 x 20 = 360 + 5 = 365. No se ha podido establecer con certeza la correlación con el calendario gregoriano, muchos autores coinciden en colocar el comienzo del año azteca en febrero, aunque las fechas que dan Sahagún, Díaz del Castillo y otros son bastante dispares. Por su parte, Rafael Tena ha establecido,[5] utilizando como referencia la fecha de la caída de Tenochtitlan (una de las que se tiene registrada en el calendario juliano y el calendario mexicano)[6] que la fecha de inicio del años fue 13 de febrero. Si se considera el ajuste de 10 días del calendario gregoriano para obtener fechas actuales, llegaríamos a la fecha de 23 de febrero. El cuadro siguiente reconstruye, a partir de diversas fuentes, algunas de las actividades rituales principales asociadas con cada mes. La obra de la que se extrae la mayor parte de la información es Historia general de las cosas de Nueva España, de Bernardino de Sahagún.[7]

Nombre del mes Deidades patronas y rituales
I Atlacahualo (el cese de las aguas) Tláloc, Chalchiuhtlicue correspondía al tiempo de seca. Por entonces se imploraba el favor de Tlaloc, el dios de la lluvia, y se ofrecían a las fuentes y ríos diversos objetos brillantes, flores, plumas y cintas de colores.
II Tlacaxipehualiztli (el desuello de hombres) Xipe Tótec En esta veintena era costumbre que los pobladores hicieran peregrinaciones a los santuarios, quitando ritualmente la vieja piel a una mazorca de maíz que representaba al ser humano, y repartiendo sus granos entre los asistentes como bendición especial.
III Tozoztontli (la pequeña vigilia) Coatlicue, Tláloc Se realizaba una velación nocturna en honor a la deidad terrestre Coatlicue, la de falda de serpientes, seguida de cuatro días de júbilo e intercambio de regalos entre las amistades y parientes. A partir de ahí, y hasta el comienzo de la siguiente veintena, todos se ejercitaban diariamente en la casa de los cantos, pero sin bailar.
IV Huey tozoztli (la gran vigilia) Centéotl, Chicomecóatl Un tiempo de purificación dedicado a Centeotl, el dios único. Se ayunaba y velaba, ofrendando maíz a los cuatro rumbos; los habitantes ponían en las puertas de sus casas ramas rociadas con la sangre de suspenitencias, en señal de piedad. Un rito importante era la bendición de la semilla para su próxima siembra, llevada a cabo por muchachas vírgenes en edad de matrimonio. Luego los sacerdotes confeccionaban una estatua de la diosa tierra con masa de maíz y la consumían con mucha solemnidad, a modo de comunión.
V Toxcatl (la sequía) Tezcatlipoca, Huitzilopochtli Los devotos se adornaban con guirnaldas de flores de maíz para celebrar la «atadura» del año, es decir, la caída de su día cargador
VI Etzalcualiztli (la comida de maíz y frijoles) Tlaloque Se hacía una fiesta del agua en honor de los espíritus de las cavernas, en la cual se confeccionaban bollos de masa de maíz en forma de tirabuzones que se comían ritualmente en congregación, reservando una porción para los enfermos. A fin de prepararse para la ocasión, los sacerdotes tenían una curiosa costumbre: iban a buscar manojos de juncos acuáticos y adornaban con ellos las fachadas de los templos.
VII Tecuilhuitontli (el pequeño festín de los señores) Huixtocihuatl, Xochipilli Era ocasión para arrojar a las corrientes de agua ofrendas de sal, conchas y otros productos marinos. También se confesaban los agravios ante el sacerdote y se pedía perdón a la Madre Tierra.
VIII Huey Tecuilhuitl (el gran festín de los señores) Xilonen Los ricos celebraban grandes banquetes a los cuales invitaban a los pobres y a los niños, y los agasajaban con panecillos de maíz tierno endulzado con miel.
IX Tlaxochimaco (el nacimiento de las flores) Huitzilopochtli Las familias hacían vigilia solemne, horneando golosinas en recuerdo de sus difuntos, que al día siguiente colocaban sobre las tumbas. Los hombres nobles con las mujeres bailaban juntamente, asidos de las manos y abrazados unos con los otros, paso a paso, al son de los que tañían y cantaban.
X Xocohuetzi (la caída de los frutos)
Hueymiccaihuitl (el gran festín de los muertos)
Xiuhtecuhtli Se realizaba una gran ceremonia en conmemoración de los muertos en la cual se talaba y velaba un gran árbol apodado «sostén del cielo», que luego era erguido en medio de la plaza.
XI Ochpaniztli (el barrido del camino) Tlazoltéotl Estaba dedicada a Tosi, nuestra abuela tierra, a quien honraban con ayuno de palabras, alimentos y sueño, en una velada solemne en la que todo el pueblo barría los patios de los templos. También se oficiaban las investiduras de guerreros y los ascensos militares.
XII Teotleco (el regreso de los dioses) Tezcatlipoca Un mes de contacto con el Espíritu. Hacia el final, celebraban la fiesta de las enramadas, en la cual todos vivían dentro de una choza de paja durante cinco días, en recuerdo de su peregrinación.
XIII Tepeilhuitl (el festín de las colinas) Tláloc En su penúltimo día, los devotos confeccionaban montañitas de masa de amaranto sobre las cuales se imprimían imágenes de serpientes. Las velaban durante toda la noche y luego las comían ritualmente. También depositaban ofrendas a Tepeyollotl en los subterráneos de las pirámides, las cuevas y los cráteres volcánicos.
XIV Quecholli (la preciosa pluma) Mixcóatl-Camaxtli Las flechas se ataban en mazos y una parte de ellas se quemaba en honor a Mixcoatl, Vía Láctea. Por espacio de cinco días se sangraban las orejas y untaban la sangre por las sienes. Y a los que no se sangraban, les tomaban las mantas en pena.
XV Panquetzaliztli (el izado de la bandera) Huitzilopochtli Se renovaban las banderas, escudos y otras insignias militares. Durante sus últimos días, los jóvenes se preparaban para la «guerra de las flores», un simulacro militar celebrado en el Tlachko, estadio. Quemaban incienso hacia los cuatro rumbos y en el centro del terreno erigían una bandera de guerra con cuatro flechas atadas en cruz, que pertenecía al equipo vencedor.
XVI Atemoztli (el descenso de las aguas) Tláloc Por entonces se veneraba a Tlaloc, quemando abundancia de copal y otras resinas olorosas, y arrojando a las corrientes flores manchadas con gotas de sangre y pedacitos de papel recortado en figuras de animales y espíritus silvestres.
XVII Tititl (el estiramiento) Ilamatecuhtli Era una veintena de retiro y meditación auspiciada por Ilamateku’tli, vieja diosa de la tierra. La gente se vestía de blanco o amarillo en honor a la Luna, y había bailes de mujeres y competencias de corredores a través de las gradas de las pirámides, en representación del paso de los astros.
XVIII Izcalli (la resurrección) Xiuhtecuhtli La gente consultaba los oráculos para averiguar qué destino le deparaba el año entrante.
Nemontemi (días vacíos) Cinco días aciagos; no hay rituales, ayuno general

Tonalpohualli

Además del calendario civil, los mexicas utilizaban un calendario místico (llamado calendario religioso por algunos autores), el tonalpohualli (cuenta de los días). Este calendario ritual se registraba en el tonalámatl (libro de los días), un códice en piel de venado o papel de corteza a partir del cual un sacerdote (tonalpouhqui) extraía horóscopos y predecía los días fastos y nefastos del ciclo. La estructura (similar a la desarrollada mucho antes por los mayas, y probablemente heredada de estos a través de los toltecas) comprendía un año de 260 días, a cada uno de los cuales se asignaba una fecha por la combinación de uno de los 20 signos de los días y un número de 1 a 13, representado por puntos, de modo tal que era imposible confundir dos días del ciclo anual. Por lo tanto, el almanaque estaba compuesto de 20 semanas de 13 días, con la primera semana comenzando en 1-Caimán y terminando en 13-Caña, la segunda entre 1-Jaguar y 13-Calavera, y así sucesivamente. Cada uno de estos días se dividía en 13 horas diurnas y 9 nocturnas. Como muestra el cuadro siguiente, se creía que un dios o una diosa presidía cada signo de los días, y cada uno estaba también asociado a un punto cardinal (en sentido de giro antihorario, comenzando por el Este, de donde sale el sol).

Denominación Significado Deidad asociada Dirección
Cipactli Lagarto, Espadarte Tonacatecuhtli, Señor de Nuestro Sustento Este
Ehecatl Viento Quetzalcóatl, Serpiente Emplumada Norte
Calli Casa Tepeyolohtli, Corazón de la Montaña Oeste
Cuetzpalin Lagartija Huehuecoyotl, Viejísimo Coyote Sur
Cóatl Serpiente Chalchiuhtlicue, Señora de la Falda de Verde Jade Este
Miquiztli Muerte Tecciztecatl, El del Caracol Marino Norte
Mazatl Venado Tlaloc, El que Hace Brotar las Cosas Oeste
Tochtli Conejo Mayahuel, La de la Planta de Maguey Sur
Atl Agua Xiuhtecuhtli, Señor del Año Este
Itzcuintli Perro Mictlantecuhtli, Señor de Mictlan Norte
Ozomatli Mono Xochipilli, Príncipe Flor Oeste
Malinalli Hierba Retorcida Patecatl, El de la Tierra de las Medicinas Sur
Ácatl Caña Tezcatlipoca, Espejo Humeante Este
Ocelotl Ocelote, jaguar Tlazolteotl- Devoradora de la Mugre Norte
Cuauhtli Águila Xipe- Totec, Nuestro Señor Desollado Oeste
Cozcaquauhtli Buitre, Aura, Zopilote Itzpapalótl, Mariposa de Obsidiana Sur
Ollin Movimiento, terremoto Xólotl, Doble Este
Técpatl Cuchillo de pedernal Chalchiuhtotolin, Tezcatlipoca encubierto Norte
Quiahuitl Lluvia Chantico, En la Casa Oeste
Xochitl Flor Xochiquetzal, Flor de la Rica Pluma Sur

Reconstrucción del Calendario

Por varios siglos se ha tratado de hacer una reconstrucción del calendario mexica, Mesoamericano o de Anahuak. La correlación mas completa y aceptada por investigadores serios, la propone el profesor Rafael Tena,[8] basado en las crónicas y anales del siglo XVI. Esta correlación demuestra que el primer día del año comienza el 13 de febrero del antiguo calendario Juliano o el 23 de febrero del actual calendario Gregoriano.

Esta correlación debe ser entendida como una propuesta teórica, la posibilidad de que el calendario sufriera desajuste respecto al año astronómico es también aceptable. Incluso Rafael Tena considera que para nuestros días el calendario ya comenzaría el 26 de febrero, debido a que no hay evidencia que los antiguos nahuas cada 100 años suprimieran un bisiesto. Por lo tanto la correlación de Prem o Caso tenemos que aceptarlas como alternativa.[9]

Nombres de los días en el xiuhpohualli

Cada metztli, en el cual una fiesta era celebrada, iniciaba con el siguiente signo del portador del año, es decir, los signos ocelotl, cuetzpalin, atl y quiyahuitl, días del tonalpohualli. Las dieciocho veintenas son enlistadas abajo. Los datos en la tabla son de los testigos tempranos Diego Durán y Bernardino de Sahagún. Cada uno escribió lo que había aprendido de informantes nahuas. Los datos de Sahagún preceden a las observaciones de Durán por varias décadas y se les cree más cercanos a la rendición mexica ante los españoles. Ambos son mostrados para enfatizar el hecho de que el inicio del año nuevo nativo dejó de ser uniforme como resultado de la ausencia de una fuerza unificadora, a la caída de Tenochtitlan.

Los meses de 20 días (veintenas) del calendario solar azteca fueron llamados:

  1. Atlcahualo o Xilomanaliztli
  2. Tlacaxipehualiztli
  3. Tozoztontli
  4. Huey tozoztli
  5. Tóxcatl o Tepopochtli
  6. Etzalcualiztli
  7. Tecuilhuitontli
  8. Hueytecuilhuitl
  9. Tlaxochimaco o Miccailhuitontli
  10. Xocotlhuetzi o Hueymiccailhuitl
  11. Ochpaniztli
  12. Teotlehco o Pachtontli
  13. Tepeilhuitl o Hueypachtli
  14. Quecholli
  15. Panquetzaliztli
  16. Atemoztli
  17. Tititl
  18. Izcalli

Los cinco días agregados al final del año y que eran considerados desafortunados eran llamados Nemontemi.[5]

Durán Sahagún Nombre de la festivdad Traducción al español
1. Marzo 01 – Marzo 20 1. Febrero 02 – Febrero 21 Atlcaualo, Cuahuitlehua Son dejadas las aguas, Se levanta el árbol
2. Marzo 21 – Abril 09 2. Febrero 22 – Marzo 13 Tlacaxipehualiztli Desollamiento de hombres; Xipe-Totec
3. Abril 10 – Abril 29 3. Marzo 14 – Abril 02 Tozoztontli Pequeña vigilia
4. Abril 30 – Mayo 19 4. Abril 03 – Abril 22 Huey Tozoztli Gran vigilia
5. Mayo 20 – Junio 08 5. Abril 23 – Mayo 12 Tóxcatl Sequedad
6. Junio 09 – Junio 28 6. Mayo 13 – Junio 01 Etzalcualiztli. Comida maíz y frijol hervido
7. Junio 29 – Julio 18 7. Junio 02 – Junio 21 Tecuilhuitontli Pequeña fiesta de los señores
8. Julio 19 – Agosto 07 8. Junio 22 – Julio 11 Huey Tecuilhuitl Gran fiesta de los señores
9. Agosto 08 – Agosto 27 9. Julio 12 – Julio 31 Miccailhuitontli, Tlaxochimaco Pequeña fiesta de los Muertos, Son dadas las flores
10. Agosto 28 – Septiembre 16 10. Agosto 01 – Agosto 20 Huey Miccailhuitontli, Xocotl Huetzi Gran Fiesta de los Muertos, Caen los frutos
11. Septiembre 17 – Octubre 06 11. Agosto 21 – Septiembre 09 Ochpaniztli Barrimiento
12. Octubre 07 – Octubre 26 12. Septiembre 10 – Septiembre 29 Teotlehco Llegan los dioses
13. Octubre 27 – Noviembre 15 13. Septiembre 30 – Octubre 19 Tepeilhuitl Fiesta de las montañas
14. Noviembre 16 – Diciembre 05 14. Octubre 20 – Noviembre 8 Quecholli Flamingo, Cuello de hule
15. Diciembre 06 – Diciembre 25 15. Noviembre 09 – Noviembre 28 Panquetzaliztli Levantamiento de banderas
16. Diciembre 26 – Enero 14 16. Noviembre 29 – Diciembre 18 Atemoztli Descenso del agua
17. Enero 15 – Febrero 03 17. Diciembre 19 – Enero 07 Tititl Encogimiento
18. Febrero 04 – Febrero 23 18. Enero 08 – Enero 27 Izcalli Resurgimiento
18u. Febrero 24 – Febrero 28 18u.Enero 28 – Febrero 01 Nemontemi
(período de 5 días)
Los que llenan en vano

LOS VEINTE DÍAS DEL TONALPOHUALLI

CIPACTLI: Cocodrilo. Origen y vejez. Nos refiere al pasado prehistórico entre las lagunas y las riveras de los estanques, pantanos y Ciénegas. Conceptualmente su representación involucra el principio y la evolución de todos los seres.

EHECATL: Viento. Movimiento creatividad y armonía. Sin el sería imposible la germinación y la recreación de las cosas.

CALLI: Casa. Hogar, habitación disposición y armonía que debe guardarse en ella. La casa más íntima nuestro cuerpo, nuestra última casa la Madre Tierra.

CUETZPALLIN: Lagartija. Creación y fecundidad. Principio creador de las cosas, está asociado con la fecundidad de la tierra y la sexualidad de los seres humanos.

COATL: Serpiente. Energía, fertilidad y sabiduría de la naturaleza.

MIQUIZTLI: Muerte. Recogimiento, revaloración y reposo. Se requiere revalorar lo que significa la vida y la muerte y cómo pueden complementarse las cosas hechas y las que aún hay por hacer.

MAZATL: Venado. Gozo inquietud, cambio rápido. Percepción e intuición de lo que sucede en el entorno. Inclinación a los espacios abiertos. Gozo por la naturaleza y la vida particularmente el agua.

TOCHTLI: Conejo. Fecundidad, placer y armonía. Asociado a la fecundidad de la tierra. Numen de la luna.

ATL: Agua. Movimiento, fuerza y perseverancia. Dualidad del fuego. fuerza que sólo en ocasiones puede ser controlada y conducida.

ITZCUINTLI: Perro. Lealtad aventura e instinto, Compañero y guía hacia el camino, del lugar de los muertos. Gusto por conocer otros lugares y encontrar nuevos amigos, par regresar al hogar.

OZOMATLI: Mono. Arte y sensualidad, salud y recreación. Relacionado con los elementos creadores de las plantas, los alimentos, la salud y la recreación.

MALLINALI: Hierba. Regeneración, cambio y recreación, Regeneración constante de la naturaleza, valoración de la importancia que tienen las raíces y las plantas medicinales en la salud.

ACATL: Carrizo. Calor y energía, encuentro y firmeza. Representa la energía celeste que nos llega.

OCELOTL: Ocelote, Jaguar. Oscuridad y profundidad, valor y guía. Representa la noche y el cosmos estrellado, como la profundidad de la tierra y sus cavernas. Guía entre los hombre y responsable de perseguir causas justas.

CUAUHTLI: Águila. Renovación y depuración, visión y expectación. Símbolo solar, y de guerra, que si no es aprovechado con inteligencia soló produce destrucción.

COZCACUAUHTLI: Águila de collar. Noche y viento, reflexión y consideración. Búsqueda de las enseñanzas y remiendo de fallas, para utilizar lo que otros han desechado y aprovechar la experiencia obtenida por el tiempo.

OLLIN: Movimiento. Actividad, creatividad y cambio. Signo de esta era. Representa el terremoto.

TECPATL: Pedernal. Luz y comprensión. Signo de los años, método de estudio y análisis profundo para comprender verdaderamente las cosas y los conceptos imperecederos, agudos y filosos, como la hoja de obsidiana.

QUIAHUITL: Lluvia. Tiempos cambiantes, creadores o destructivos, que en ocasiones pasa de un estado apacible a una furia incontrolable. Alimenta campos y permite, junto con los vientos la vida.

XOCHITL: Flor. Es el último día. Belleza, creatividad, conocimiento y amor de todo lo hecho, que en conjunto da un entorno integral de armonía entre los hombres.

El calendario mexica y la cronografía, de Rafael Tena, se propone reconstruir el calendario de ese grupo cultural y político, y correlacionarlo con el calendario juliano, vigente en Europa en esa época, con una correspondencia de día a día. Tratamiento especial merece en esta obra la cuestión de una eventual intercalación periódica en el calendario mexica análoga al bisiesto del calendario juliano. Para resolver estos problemas de historiografía de la ciencia, el autor examina exhaustiva y críticamente los datos de las fuentes primarias. Los expertos en la escritura, que era una elite estatal teocrática y militarista, sí tenían conciencia de la temporalidad absoluta, pero optaron por no anotarla sistemáticamente en sus
registros. Podría pensarse que buscaban reproducir en el pueblo la sensación de una temporalidad repetitiva, cíclica, donde el dos imita al uno y el uno al dos. Tena muestra, por cierto, que
una de las razones de las discrepancias de los autores antiguos respecto de la existencia o no de un
bisiesto entre los mexicas es el deficiente conocimiento popular del complejo sistema calendárico, pues éste fue mantenido como un conocimiento esotérico, monopolizado por el estado teocrático y militarista, al igual, por lo demás, que los también complejos sistemas de escritura. Tena advierte que los años mexicas coincidían aproximadamente con los julianos, puesto que empezaban siempre el 13 de febrero, primer día de la veintena o “mes” atlcahualo (“se detienen las aguas”) del calendario
solar o xiuhtlapohualli. Y cada año recibía su nombre por la fecha del último día de la cuarta veintena, hueitozoztli (“gran vigilia”), y de la penúltima, títitl (“encogimiento”). Por ello 1519 fue un año 1 caña, 1520 fue un 2 pedernal, 1521 un 3 casa, etc. Tena pudo ubicar el año y el momento en que los mexicas agregaron el sexto nemontemi: los cinco nemontemi “normales” se encuentran al final del año solar, o sea después del fin de la veintena izcalli (“crecimiento” o
“resurrección”), entre el 8 y el 12 de febrero, en los años no bisiestos; y una corrección bisiesta se ubicó el 12 de febrero de 1520, año 2 técpatl, “pedernal” (después de unos nemontemi que van de 7 al 11 de febrero, debido al previo agregado de un 29 de febrero ese año bisiesto). A partir del 12 de febrero de 1520 se pueden fechar todos los años bisiestos hacia atrás y hacia delante, teniendo en cuenta además que como los años mexicas se escriben con la combinación de trece numerales y cuatro signos, todos los bisiestos mexicas, que suceden cada cuatro años, se ubican en ese mismo signo técpatl, pedernal. Pero la correspondencia de fechas mexicas y julianas que dan
las fuentes españolas y mexicas de la conquista de Tenochtitlan, no es la única prueba de la existencia del bisiesto entre los mexicas que da Tena.

Referencias

  1. Volver arriba El Calendario Mexica y la Cronografía, Rafael Tena. INAH-CONACULTA, 2008 p 82-83

Códice Ríos

El Códice Ríos es una traducción ampliada al italiano de un manuscrito de la era colonial española, Códice Telleriano-Remensis, atribuido parcialmente a Pedro de los Ríos, un monje dominico que trabajó en Oaxaca y Puebla entre 1547 y 1562. El Códice Ríos probablemente fue escrito y dibujado en Italia después de 1566.

El manuscrito se centra en la cultura ToltecaChichimeca en el Valle Tehuacan (actual Puebla y Oaxaca). Se puede dividir en siete secciones:

  • Tradiciones cosmogológicas y mitológicas con énfasis sobre las cuatro épocas.
  • Un almanaque, o tonalámatl, para el Tonalpohualli, el año sagrado de 260 días común en los calendarios mesoamericanos.
  • Tabla de Calendarios para los años 1558 a 1619, sin dibujos.
  • Un calendario de festival de 18 meses, con los dibujos de los dioses de cada período.
  • Rituales tradicionales, con los retratos de Indios.
  • Crónicas ilustradas de los años 1195 al 1549 empezando por la migración de Chicomoztoc y cubriendo los últimos acontecimientos en el Valle de México.
  • Los glifos de los años 1556 a 1562, sin dibujos ni texto.

En este códice aparece una presentación que ha permitido ubicar el hábitat de varios dioses y la simbología de los colores en relación con los espacios cósmicos, hay en ellos regiones presididas por el blanco, el negro o verdinegro, el rojo, el amarillo y el azul donde cada astro recorre un camino celeste específico.

El Códice Ríos consiste en 101 páginas de papel europeo, doblado en acordeón. Se encuentra en la Biblioteca Vaticana, (Roma) y se conoce también como el Códice Vaticano A, el Codex Vaticanus A, y el Codex Vaticanus 3738.

Anales de Cuauhtinchan

La Historia Tolteca Chichimeca -también llamada Anales de Cuauhtinchan o Libro de Conquista- es un códice colonial elaborado en papel europeo entre 1550 y 1560, probablemente a pedido de una familia de nobles indígenas del antiguo señorío de Cuauhtinchan, para reclamar sus derechos a la Corona.
Consta de 52 folios de aproximadamente 20 x 29 cm, encuadernado a la manera europea, con material pictográfico y textos en náhuatl y español. El manuscrito se conservó en Cuauhtinchan hasta mediados del siglo XVIII cuando pasó a manos de Lorenzo Boturini Bernarducci. Hacia 1742 le fue confiscada su colección, permaneciendo en la Secretaría del Virreinato. Joseph Marius Alexis Aubin, llevó el material clandestinamente a Francia, a través de la aduana de Veracruz; en 1889 vendió su colección a Eugéne Goupil, quien decide donarla a la Biblioteca Nacional de Francia, donde se encuentra actualmente formando parte del Fondo de Manuscritos Mexicanos.

«ToltecaChichimeca Chicomostoc». Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.
«ToltecaChichimeca Chicomostoc». Disponible bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.

Chicomóztoc (en náhuatl: chicomoztoc, ‘Lugar de siete cuevas’chicome, siete; oztotl, cueva; sufijo c, lugar de’)? es el nombre del mítico lugar de origen de los pueblos aztecas o mexicas, Tepanecas, Xochimilcas, Chalcas, Acolhuas, Tlahuicas y Tlaxcaltecas (Las siete tribus nahuatlacas) de la región central de México de Mesoamérica, en el posclásico.

Hay una asociación de Chicomóztoc con ciertas tradiciones relativas legendario Culhuacán (Colhuacan), un verdadero asentamiento prehispánico en el Valle de México, que se consideró que había sido una de las primeras y más preeminente de los asentamientos en el valle. Culhuacán ( “lugar de las personas con antepasados” es su significado literal en náhuatl clásico) fue visto como un lugar prestigioso y venerado por los aztecas / mexicas (que también denominan a sí mismos’ Culhua-mexica ‘). En azteca codical escrito, el símbolo o glifo que representa el topónimo de Culhuacán tomó la forma de una “torcida” o “curva” colina

La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España

La Historia verdadera de la conquista de la Nueva España es una obra de Bernal Díaz del Castillo, que fue uno de los soldados participantes en la mayoría de las jornadas de la conquista de México en el siglo XVI.

Los biógrafos de Díaz del Castillo coinciden en que 1568 fue la fecha de la conclusión del manuscrito. Una copia manuscrita llegó a España en 1575 (en el siglo XVI era habitual la circulación manuscrita de las obras), la cual sirvió de base a la primera edición impresa, que fue publicada póstuma en 1632;1 2 de ella existen dos ediciones diferentes en la que consta el año 1632 en portada, pero sólo una fue impresa “verdaderamente” en ese año, aunque con dos variantes de estado (que no de edición); la segunda es una falsificación o edición contrahecha que imita la primera variante de estado y fue hecha a finales del siglo XVII o principios del XVIII, aunque muchos siguen considerándola primera edición.

La auténtica primera lleva una portada calcográfica de Juan de Courbes y sus dos variantes o estados, según fundamenta el estudio tipobibliográfico exhaustivo de Carlos Fernández González,3 se distinguen en que una cuenta con un capítulo final que no tiene la otra y corrige dos erratas tipográficas (en la signatura Ii3 y en el año de apostilla marginal en el f. 251v), además de otros rasgos diversos.2 Es una obra de estilo cautivador desde las primeras líneas. Nos narra el proceso de la conquista de México de una manera ruda, aunque sencilla, ágil y directa. Cada página es un retrato pintoresco plagado de detalles. Leer su libro es transportarse al pasado y vivir al lado de un soldado todos los sucesos de la conquista: descripciones de lugares, relatos de personajes, anécdotas, críticas agudas y angustiantes relaciones de fatiga y peligros enfrentados.

Cada uno de los doscientos catorce capítulos se convierten en una vivencia para el lector.

La Fundación Biblioteca Virtual Miguel De Cervantes proporciona de manera gratuita vía internet la obra completa de Bernal Díaz del Castillo titulada:

El pino y el abeto

El pino y el abeto, dos especies que en multitud de ocasiones son confundidos o simplemente hay quien piensa que es el mismo árbol. Es por este motivo que hoy nos ponemos manos a la obra para contarte sus diferencias y que de esta manera puedas distinguirlos cuando estés en plena montaña.

1.- Mirar la forma del árbol: Tenemos que pensar que un pino es un árbol que puede tener hasta 20 metros de altura pero es que un aveto no sólo llega a esa altura, sino que puede duplicarla sin ningún problema. Así pues, cuando veamos un árbol de más de 20m de altura, a no ser que sea un caso excepcional podemos decir que será un abeto sin ninguna duda.

2.- La corteza: El abeto tiene una corteza de color gris blanquecino, mientras que el pino tiende a tenerla de color gris más oscuro. Aquí parece que la cosa ya está más complicada, dado que los colores son muy subjetivos, pero si no fijamos en la textura de la corteza, el pino la tiene escamosa, mientras que el abeto la tiene lisa y con vesículas resinosas.

3.- Las hojas: Este apunte es muy interesante, porque con un sólo gesto podemos disociar uno de otro… porque en el caso del abeto sus hojas no son punzantes, y si las giramos en su parte inferior veremos unos nervios de color blanco que el pino no tiene, ya que sus hojas son totalmente circulares. Esta prueba, sumada al hecho que las hojas de abeto no pinchan y las del pino si, son una inequívoca manera de diferenciarlos.

4.- Los frutos: Finalmente nos queda hablar de los frutos, esas piñas que nos aportan tanta información. Ambas especies florecen prácticamente a la vez, en el caso del pino en junio y julio, y en el caso del abeto un poco más primerizo lo hace de abril a junio, pero aquí no se encuentra la información más relevante si no en el hecho que las piñas del pino caen al suelo, mientras que las del abeto se descomponen en el propio árbol, dejando caer los piñones.

– See more at: http://www.himalaiabaqueira.com/blog/diferencias-entre-el-pino-negro-y-el-abeto/#sthash.oYgp9P9T.dpuf

Coníferas

Se encuentran difundidos por toda la Tierra, sobre todo en el Hemisferio Norte donde constituyen grandes masas de vegetación. A este órden pertenecen los pinos, abetos, cedros, alerces, cipreses, así como los enebros, secoyas, araucarias, etc.

Continue reading “El pino y el abeto”